Experiencia gastronómica con vinos de Jerez en Hermitage CDMX
Todo empezó con un rebujito. Frío, fresco, brillante. La copa correcta para abrir la noche y preparar el paladar. Desde el primer sorbo, la promesa era clara: lo que venía no era solo una cena, sino un recorrido cuidadoso por los sabores, los aromas y la memoria. Además, resultó un momento bien pensado con el calor que hacía aquella noche.
Primer tiempo: Ajo blanco de piñones y sardina marinada con Amontillado
El primer tiempo llegó como una caricia de elegancia: ajo blanco de piñones, cremoso, delicado, envolviendo una sardina marinada precisa y sabrosa. El contraste lo daba la confitura de tomate, sutilmente dulce, y un toque de amontillado que redondeaba todo. El maridaje con Pino La Panesa no era acompañamiento, era continuidad. El vino alargaba el sabor y lo hacía quedarse.

Segundo tiempo: Arroz meloso de secreto ibérico y Manzanilla Don Zoilo
Después, el segundo tiempo cambió de ritmo. Arroz meloso de secreto ibérico, cocinado con brandy de Jerez, espárragos, azafrán y un crujiente de espinaca. El arroz estaba en su punto exacto. La carne del secreto aparecía entre cucharadas como un premio. El maridaje con Manzanilla Don Zoilo fue un acierto: refrescante, firme, equilibrado.

Tercer tiempo: Langostinos en beurre blanc y Amontillado 12 años
El tercer tiempo fue una escena de mar y mantequilla: langostinos a la beurre blanc de fino en rama, acompañados de huevas, mazorcas a la brasa y un delicado velo de flor. El Amontillado Don Zoilo 12 años encontraba en la grasa de la beurre blanc un espejo perfecto. El plato jugaba con texturas, temperatura y profundidad.

Cuarto tiempo: Codornices al escabeche de naranja y Palo Cortado
El cuarto tiempo recuperó la memoria del fuego lento. Codornices en escabeche de naranja y brandy, servidas con pisto de verduras. El escabeche tenía carácter, pero sin aspavientos. La carne estaba tierna, perfumada, justa. El Palo Cortado Don Zoilo 12 años fue el vino ideal: serio, largo, lleno de matices.

Quinto tiempo: Postre con choco brandy y Cream Canasta
Y para terminar, el quinto tiempo fue una despedida dulce y sobria. Choco brandy de Jerez, frutos rojos y mandarina. El chocolate amargo, profundo, combinaba con el brillo ácido de la fruta y el perfume cítrico de la mandarina. El Cream Canasta cerró la experiencia con suavidad, dejando en boca una nota amable, envolvente, luminosa.
Cinco tiempos, cinco vinos, una cena impecable.
Una experiencia que demostró que el vino de Jerez, en sus múltiples estilos, puede construir una narrativa sensorial inolvidable.

