Por Pedro J. Fernández
Una Experiencia Sensorial Única con los Vinos de El Lagar de Isilla
Uno no se sienta todos los días frente a un vino que ha dormido nueve meses en damajuana o que nació de viñas centenarias. Pero aquella noche, los vinos de El Lagar de Isilla llegaron a la mesa con la seguridad de quien sabe que va a deslumbrar. Y lo lograron en cada uno de los cuatro tiempos.
Primer Tiempo: Albillo Mayor 2022, Elegancia en Blanco
Comenzamos con Albillo Mayor 2022, un vino blanco de producción limitada (solo 5,938 botellas) criado en lías, vasijas de gres y barricas de roble francés. Su complejidad lo hacía único, perfecto para acompañar una ensalada de bacalao, aguacate y chicharrón. La acidez del vino, el crujiente del cerdo y la suavidad del pescado crearon un maridaje fuera de serie.
Segundo Tiempo: Crianza 2021, Terciopelo en la Boca
El siguiente paso fue el Crianza 2021, un vino tinto de Tinta del País, con toques de Cabernet Sauvignon y Merlot. Sus 14 meses en barrica nueva lo transformaron en una experiencia sedosa que maridó magistralmente con arroz cremoso de espárragos, escamoles y tuétano. Los taninos domaron la grasa del tuétano y los escamoles se transformaron en joyas gastronómicas.
Tercer Tiempo: Reserva 2018, Poder y Personalidad
El Reserva 2018 fue la bomba de la noche. Solo 3,800 botellas, viñas de más de 60 años y 18 meses en barricas nuevas. Un vino que se impone desde el primer sorbo, perfecto para acompañar un lechón asado que, aunque delicioso, jugaba un papel secundario ante el protagonismo del vino.
Un sorbete de espárrago y limón llegó en el momento justo para refrescar el paladar y preparar el cierre.
Cuarto Tiempo: Paraje Peñalobos 2020, El Gran Final
El cierre fue glorioso con Paraje Peñalobos 2020, un vino de viñedos de más de 100 años, limitado a 1,570 botellas. Criado 18 meses en roble francés, este vino no solo se bebe, se escucha. Maridó a la perfección con un canelón de rabo de toro y foie gras, una experiencia que culminó con una tarta de queso Gamoneu, sublime con el último sorbo.
El Vino Como Memoria Líquida
Cada copa de El Lagar de Isilla nos recordó que el vino no es solo una bebida, es memoria líquida, tiempo en botella y un mapa que conduce al placer si sabemos interpretarlo





